Por una política de educación digital basada en la innovación sostenible

Escrito por Fernando Trujillo el día 29/09/2010 - 19:23

estudiantes con skype Hacer política educativa supone tener visión de futuro y también una estrategia para hacer realidad ese futuro deseado. ¿Es posible basar la política educativa en la innovación? ¿Puede ser la innovación sostenible? ¿Es posible conseguirlo en relación con las TIC? En realidad, no hay alternativa: las respuestas a estas tres preguntas tienen que ser afirmativas y hay maneras de conseguirlo.

El desarrollo de la competencia digital de nuestros estudiantes exige cambios en nuestra práctica docente habitual. Hablamos de innovación porque el reto no consiste en enseñar como siempre pero a través de ordenadores; como afirma Rogerson-Revell (2007: 72), no es una cuestión de simple innovación tecnológica puesto que más tecnología no implica cambio ni tampoco garantiza éxito educativo alguno: la cuestión es cómo usemos esa tecnología. Tenemos, por ejemplo, muchos datos acerca de la influencia del uso de ordenadores para el desarrollo de la competencia comunicativa y, como explica Blake (2007), la influencia de estos no se deriva automáticamente del uso de la herramienta en sí sino de cómo se use al servicio de una interacción significativa y reflexiva con otros seres humanos.

Por ello, si queremos que se acepten las TIC en la escuela, tendremos que pensar cómo se gesta, difunde y normaliza la innovación educativa. En este sentido, tomando como referencia el campo de la enseñanza de idiomas, Waters (2009: 432) señala una serie de rasgos que permiten prever el éxito o el fracaso de la innovación educativa:

  • ventaja relativa de la innovación frente a otras ideas o actividades;
  • compatibilidad de la innovación con los valores existentes, las experiencias previas y las necesidades de los agentes de cambio;
  • potencial de "pilotaje" de la innovación en unas condiciones controladas;
  • visibilidad de los resultados de la innovación dentro del ámbito de cambio y por parte de otros observadores;
  • grado de originalidad de la innovación (a mayor originalidad, menor potencial de compatibilidad y mayor posibilidad de fracaso);
  • concreción de la innovación en términos teóricos y prácticos;
  • percepción del estatus que genera la innovación en la comunidad educativa.

¿Cuál es la situación de las TIC en relación con estos rasgos? Como estamos en el ámbito de un blog y no en un artículo de investigación, os pido permiso (y me lo tomo) para ser subjetivo y utilizar las palabras de Bax (2003: 25) para definir la relación del profesorado con las TIC: miedo y respeto. Creo que en muchos casos el profesorado no percibe que las TIC sean una ventaja frente a su práctica habitual "analógica", en relación con la cual cree que las TIC son bastante incompatibles por cuanto representan - desde la perspectiva de cierta parte del profesorado - una originalidad excesiva. Por otro lado, ese profesorado no parece encontrar - por problemas de recursos, tiempo, formación, etc. - la forma de "pilotar" eficientemente buena parte de las propuestas relacionadas con las TIC  aunque, por el contrario, cuando aumenta el nivel de concreción en el uso de las TIC (propuestas de uso del procesador de texto o de programas de presentación de diapositivas) o la percepción del estatus (uso de la pizarra digital interactiva frente a la tradicional), el profesorado sí parece más dispuesto a participar - aunque a veces a partir de expectativas exageradas que normalmente no se cumplen.

¿Qué podemos hacer ante esta situación? En ese mismo artículo, Waters (2009: 450) plantea que existe una serie de condiciones que determinan la probabilidad que tiene una innovación de ser aceptada y llegar a "institucionalizarse". Así, las posibilidades de éxito aumentan si :

  • la innovación se diseña e implementa de tal forma que pueda ser adoptada en la mayor medida posible dentro de la práctica habitual de un centro educativo;
  • se consideran las estrategias adecuadas para aumentar el potencial de adopción desde el momento en el cual se propone la innovación, ya sea a través de una normativa adecuada, información o formación pertinente, recursos materiales u otros elementos a considerar;
  • se proporcionan en paralelo los apoyos, en términos de innovaciones secundarias, necesarios para la comprensión y apropiación de la innovación prioritaria (como es el caso de la formación en herramientas para la incorporación de las TIC en el aula);
  • se cuenta con los agentes responsables del sistema para la promoción de la innovación educativa, fundamentalmente a través de una actuación coordinada de los distintos órganos de decisión, gestión, formación e inspección.

En este sentido, quizás la clave podría ser apostar definitivamente por uno de los conceptos de moda en Educación hoy: la autonomía de los centros. Vivimos una época de cambios en la escuela y, de todos ellos, el más importante es el paso de un modelo centrado en el profesor a un modelo centrado en el estudiante y sus necesidades. Para poder satisfacer mejor las necesidades del estudiante (o de la sociedad proyectadas en el alumnado, que también se podría ver así) la clave es la "autonomía de los centros".

La analogía con la política es evidente: de igual forma que se entiende que el "estado de las autonomías" permite una gestión más cercana a los ciudadanos, también se espera que la autonomía de los centros permita identificar y satisfacer mejor las necesidades del alumnado y de sus familias. Por otro lado, el Estado-Administración establece el marco de actuación y guía todo el proceso de creación de "autonomía en los centros" a través de medidas legales o curriculares. Por poner dos ejemplos, la cesión progresiva de mayor poder a los equipos directivos es una señal de este cambio en la misma medida que la evaluación de diagnóstico puede ser vista, en este sentido, como una medida a favor de la autonomía de los centros si a partir de los datos de la evaluación se pueden diseñar propuestas de mejora específicas para cada situación (aunque ambas cuestiones plantean ciertos riesgos, como se ha demostrado en el caso de la evaluación de diagnóstico en otros contextos, por ejemplo en relación con la ley americana No child left behind y sus evaluaciones "punitivas").

En este sentido, cada centro, en el ejercicio de su autonomía, podría establecer un Proyecto de Educación Digital, que contemplara tanto las actuaciones concretas que se vienen realizando en el centro en torno a la Educación Digital ("adopción de la innovación en la práctica habitual") como las nuevas propuestas a realizar durante el curso, las necesidades que éstas generan y los mecanismos de evaluación que se utilizarán para valorar su desarrollo. Asimismo, este Proyecto de Educación Digital  podría ser negociado con los centros del profesorado para que estos asistan y apoyen la propuesta de la misma forma que la Inspección Educativa debería comprometerse para apoyar el Proyecto en la medida de sus posibilidades. Si además existen vías de comunicación con la universidad o con otras instituciones (asociaciones, empresas, ONGs, etc.), el Proyecto estará saliendo del centro para coger fuerza y localizar recursos.

La ejecución de este Proyecto de Educación Digital daría sentido, además, a algunas otras cuestiones:  la existencia de una persona que coordine el Proyecto - mediante la expresión de sus  funciones, responsabilidades, el tiempo de dedicación, etc.; la integración del profesorado con distintos grados de compromiso, pericia o formación a través de actuaciones diferenciadas por niveles; el planteamiento del Proyecto como parte de un "estilo de centro" - recogido en el Proyecto Educativo de Centro - de tal forma que un docente recién llegado encontraría en el Proyecto Educativo y en el Proyecto de Educación Digital indicaciones acerca de cómo se enseña en ese centro concreto, etc.

En definitiva, la competencia digital pasa por el diseño en los centros de una propuesta organizada de trabajo en forma de Proyecto de Educación Digital que sí cumpla con los rasgos para la implantación de una innovación educativa. Quizás en el caso de tu centro el primer paso para ese Proyecto sea hacer un análisis DAFO o quizás lo más importante sea tener ejemplos de otros centros o plantear si en el centro los compañeros y compañeras son usuarios de las TIC, tanto en clase como para su propio desarrollo personal y profesional. Sea cual sea vuestro camino, lo importante es echar a andar: ¡vuestros estudiantes os esperan!


Bibliografía

Bax, S. 2003. CALL - past, present and future. System, 31, 13-28.

Blake, R. J. 2007. New trends in using technology in the language curriculum. Annual Review of Applied Linguistics, 27, 76-97.

Rogerson-Revell, P. 2007. Directions in e-learning tools and technologies and their relevance to online distance language education. Open Learning, 22, 1, 57-74.

Waters, A. 2009. Managing innovation in English language education. Language teaching, 42: 4, 421-458.