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22 Jun

La pregunta como oportunidad de aprendizaje en el PBL (@jlcastilloch)

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Realizar aprendizaje por proyectos parece que es buena idea educativa. Mientras el proyecto se desarrolla, aprendes. Pero…

¿Y antes del proyecto? ¿No se puede aprender antes del proyecto?

Sí, claro que se puede. Hay un elemento central: la pregunta. Todo proyecto nace de una pregunta. Que se formula antes de empezar su desarrollo. Y en esa pregunta hay mucho aprendizaje.

Reducir el aprendizaje a realizar un proyecto que el alumnado perciba como elegido por el profesorado, ya elaborado en parte, significa perder una gran oportunidad de aprender. Es como si a un cocinero le das todos los ingredientes listos y solo le dejas que los añada a la sartén, o al cazo, y les dé su punto. Es verdad que cocinará. Pero también es verdad que se perderá decidir qué hace de comer, ir a comprar, elegir los ingredientes, cambiar de opinión, dudar, volver a cambiar de opinión, decidir cuánto pagar…

Las preguntas son elementos centrales en el proyecto. Es el punto de partida. Es la segunda gran decisión (la primera fue querer trabajar por proyectos). Si el alumnado participa en ella se puede revelar mucha información sobre sus valores, sus intereses, su contexto. Pero como solo puede haber una pregunta para un proyecto, si ofrecemos un único proyecto al grupo, se tendrá que poner en marcha un proceso de negociación y colaboración. Para que las preguntas, diversas al principio, converjan; y se descarten o pospongan las que se decida. O, incluso, de profundización, en el que nacen preguntas nuevas de las primeras; que desaparecen tras cumplir su misión de paridoras.

Dar un proyecto ya elaborado al alumnado es perderse todo eso. Que, a veces, es más aprendizaje que el que venga después.

Pero, además, como elegir la pregunta es una decisión, la pregunta es portadora de valores y emociones. Enfoca la atención hacia un tema, y lo prioriza, dejando otros aparte. Es mucho mejor momento para trabajar estas dos cuestiones, tan prioritarias, tan centrales, tan olvidadas.

La pregunta también conecta con la realidad. Múltiple, diversa, rica, compleja, complicada, de cada alumna y alumno. Con lo que le pasa o le deja de pasar a él o ella, a su familia, amigos, barrio, ciudad, país. La pregunta, si es elegida y deseada, puede ser verdaderamente transformadora de esas realidades.

En educación el proceso de preguntar suele ser ajeno al alumnado. Se le deja el rol de responder y, si acaso, se permiten preguntas de duda, de aclaración, sobre las que se suponen “verdaderamente importantes”: las que hace el profesorado o el libro de texto. Sin embargo, en la vida, el proceso realmente rico es elaborar las preguntas adecuadas a cada situación. Implica elegir, tomar decisiones, tener criterio, hacer presentes valores que nos guían, atender emociones que suscitan y las suscitan, conectarlas con la realidad, ser creativos, negociar, sintetizar, descartar, posponer, priorizar.

Un menú de verbos muy rico. Tan rico que, sin él, el plato del aprendizaje por proyectos sabe soso, parece simple y te deja regusto a oportunidad perdida.

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