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Cuando me propusieron escribir este artículo resonaron en mi cabeza las declaraciones del que fue presidente de la Universidad de Harvard, que afirmó en una conferencia hace diez años que las mujeres tienen "una capacidad innata menor para las matemáticas y las ciencias" que los hombres.

Una década después nos echamos las manos a la cabeza al observar cómo las cifras de representación femenina en STEM (Science, Technology, Engineering, and Mathematics) son todavía irrisorias. Como dato ilustrativo sólo el 13% de las personas ingenieras en el mundo son mujeres según los indicadores de la NSF (National Science Foundation) en el año 2014.

¿Tenemos que darle entonces una palmadita en la espalda a Lawrence Summers? A ese señor se le presupone un nivel de discurso y argumentación científica superior a la media por la institución a la que representa, así que... ¿amén a lo que diga?

Pues no. Lawrence, economista por cierto, no parece tener la más remota idea de por qué la presencia de las mujeres en las carreras técnicas es prácticamente inexistente, o lo que es lo mismo, este hombre desconoce lo que influyen los diferentes agentes de socialización en desarrollo holístico de las personas.

Empecemos por el principio. ¿Cómo entramos en contacto con el mundo científico-tecnológico? A ver si te suena esta historia.

Las nubes invadían el horizonte, el viento soplaba con fuerza, parecía que la lluvia se iba animar a tocar tierra de un momento a otro, sin embargo, niñas y niños invadían las calles jugando y paseando junto a sus familias. El calendario marcaba 25 de diciembre, día de Navidad. Un padre sale de su casa con su hijo, atraviesan dos calles, caminan un rato más por una bocacalle y se encuentran con el típico kiosko de la esquina, el de su barrio, el de toda la vida, el que abre incluso en días festivos. Él, se decía a sí mismo, era un hombre de palabra y le tocaba cumplir con lo prometido, su hijo se había portado bien en la casa de sus tíos así que le iba a dejar que eligiese o un álbum de pegatinas de Cars, o un sobre de plástico que contenía un coche de carreras. Sí, coche, no "cochecito", eso le daría una connotación de "poca cosa", "de debilidad" e "insignificancia" y su hijo sería la nueva revelación del automovilismo mundial (léase en modo irónico), así que el niño elige, obviamente, el sobre: quería un coche más para su colección.

Todavía faltaban unos días para que llegasen sus Majestades los Reyes Magos de Oriente así que este niño, al acabar de comer, coge el catálogo que está encima de la mesa del cuarto de estar de su casa. Busca su sección, que por cierto no está escrito en ningún lado cuál le corresponde por haber nacido varón pero los colores azul, rojo y negro junto a imágenes de niños jugando le dirigen hacia las páginas correctas, y ahí empieza el gran trabajo, ¡rodear algunos de sus juguetes preferidos! Un maletín de herramientas de Manny Manitas, el protagonista de uno de sus dibujos animados preferidos. Manny, por si no lo conocéis, es un profesional del bricolaje que se encarga de arreglar todos los desperfectos de su pueblo.

Patrulla CaninaTambién ha decidido que quiere una bicicleta de Spiderman, superhéroe que no necesita presentación, y por último, quiere el set de la Patrulla Canina otra serie de dibujos animados que lo tiene embobado. El prota es Ryder, un niño de 10 años experto en tecnología que salvó a unos cachorros y les enseñó ciertas habilidades para utilizarlas en misiones de rescate (observar la foto). Síííí ya lo sé... hay dos perras en la patrulla pero atención al lugar que ocupan y la falta de poder que denotan; son como las azafatas de los concursos de automovilismo del niño de la historia: objetos, complementos, parte del atrezzo, entes sin agencia.

¿Y mientras tanto qué pasaba con nosotras? Bueno pues que lo más cerca que estuvimos de la tecnología fue la autocaravana de Barbie, ya sabéis, el súper bólido, que en realidad solía ir acompañado de un Ken, ¡no fuese a ser el demonio que surgiese cualquier emergencia mecánica! Aunque sinceramente veo con más ganas de pensar y mancharse las manos a Barbie que a Ken, pero eso ya son apreciaciones personales.

Bromas aparte este podría ser un breve croquis de la infancia de hoy en día, simplificando por supuesto, pero nos sirve como hoja de ruta del mundo simbólico infantil.

Vivimos en una sociedad donde la "necesidad" de consumo es diaria, casi más que la atención y el afecto familiar. En épocas como la que nos ocupa, las muñecas, los coches, las "cocinitas", las pistolas de juguete, los estuches de maquillaje, los videojuegos, los disfraces de princesas y superhéroes y todo tipo de accesorios infantiles llenan las pantallas de nuestras televisiones y escaparates. Es un bombardeo continuo y alienante que potencia unos roles y valores concretos con unas determinadas consecuencias sociales, la primera y más importante la desigualdad de género.

Sin embargo, es habitual escuchar en los parques, en los colegios, en los centros de ocio infantil o en espacios familiares la súper frase, el placaje final para zanjar cualquier discusión sobre el tema:  "es sólo un juego".

El juego es uno de los motores de autoconstrucción, autopercepción y aprendizaje social más importantes de los que disponemos durante la infancia. Es el lenguaje infantil por excelencia, nuestra forma de comunicarnos cuando somos esponjas del conocimiento, de la emoción y de la pasión. Durante nuestros primeros seis años de vida, como nos cuentan desde la psicología del desarrollo, son fundamentales para nuestro progreso cognitivo, social y emocional.

Imaginaros cómo de preocupante podría ser conocer a un niño que con tres años no jugase. ¿Por qué? Pues porque la necesidad de jugar es innata al ser humano, las niñas y los niños aprenden "a ser", aprenden a conocerse y a conocer las normas sociales y, por tanto, a relacionarse con el mundo, a través del juego. Por el contrario, si hay algo que no es innato es el juego que eligen al estar principalmente condicionado por los medios de comunicación, el grupo de iguales, la familia y la escuela.

La actividad lúdica es como una obra de teatro donde se ensaya la vida adulta y se recrea una ficción ilusionante, creativa y con esperanza de ser transformadora.

Sin embargo, los juguetes, y en cierto sentido el proceso lúdico en sí, son moldeados por los cánones culturales y los prejuicios sociales retrógrados y limitantes de los que las personas adultas estamos impregnadas. Esas personas adultas son finalmente publicistas, diseñadores/as industriales, propietarios/as de empresas jugueteras, que entre todas y todos deciden para qué público va dirigido, entendiendo que la segmentación del mercado genera a la vez más beneficios. Es decir, la gran mayoría de estos productos "no deben" de ser compartidos por una hermana y un hermano, si los dos quieren un móvil de juguete el de ella por ejemplo será de las Princesas Disney y el de él de Pokémon. Ya lo dice el refrán, "divide y vencerás". Y así es, sigue ganando la división de las personas, la división de las tareas, de los trabajos, de las aspiraciones personales... Sigue ganando el machismo.  

Y para muestra, echad un breve vistazo a las capturas de pantalla del catálogo de El Corte Inglés de este año.

Sin duda y observando las imágenes anteriores, niñas y niños aprenden "correctamente" a ponerse a sí mismos como hombres o mujeres, puesto que se les exige poseer una identidad reconocible dentro de la sociedad y también dentro del juego. No proceder de este modo, resistir esos patrones, supone ser contemplado como un "defecto" social. A ellas se les ofrece un universo femenino subordinado al masculino, otorgando al primero características como la belleza, la emocionalidad, el cuidado, la pasividad, situándolo en un espacio principalmente doméstico y al segundo la agresividad, la competitividad, el poder, el valor, la acción, situándolo en un espacio primordialmente público.

Pero... ¡que no cunda el pánico! ¡Hay luz al final del túnel! Una empresa francesa de supermercados nos ha premiado estas navidades con un anuncio que rompe clichés sexistas tomando como protagonistas a los propios niños/as.

Por suerte poco a poco estamos asistiendo a la aparición de nuevos discursos disconformes con los estereotipos de género promovidos por parte de algunas familias, profesorado, medios de comunicación e incluso de empresas subversivas y responsables que promueven un mundo más habitable a través de sus productos o servicios.

Este es el caso de Goldie Blox creado por la norteamericana Debbie Sterling, una ingeniera de Stanford, preocupada por la poca presencia de las mujeres en sus estudios. Debbie creó una empresa para fomentar su pasión técnica en las niñas a través de la actividad lúdica. La protagonista de los juegos es una chica experta en mecánica, electrónica y construcción.

Esta empresa cuyo eslogan es "More than just a princess" (Más que una princesa) anima a las niñas a disfrutar con actividades lúdicas técnicas. Es necesario recordar que según diversas investigaciones realizadas en el ámbito escolar, de poco sirve potenciar que las chicas desarrollen su pasión por STEM cuando ya han asumido que no "sirven" para ello, que no es cosa de chicas. De hecho es curioso encontrar que las dos carreras técnicas con mayor presencia femenina en España son las que tienen un componente "estético" fuerte: arquitectura y diseño industrial.

De esta forma y a modo de conclusión, si queremos ver mujeres ocupando puestos de alta responsabilidad en las instituciones, mujeres referentes en los campos científico-tecnológicos y mujeres liderando proyectos de gran envergadura, necesitamos educar en igualdad y potenciar un juego diverso que no limite y que por el contrario favorezca el desarrollo integral de unas y de otros. Nosotras merecemos al fin saborear el placer del protagonismo y ellos recuperar el mundo de los afectos y de los cuidados del que fueron apartados.

Puedes leer este artículo también en Procomún

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SARA VIERNA FERNÁNDEZ

Diplomada en Educación Social por A Universidade da Coruña, Intérprete de lengua de signos española y Máster en Género y Políticas de Igualdad por la Universitat de València. Sara está especializada en coeducación, educación para la igualdad y prevención de la violencia de género, destacando proyectos como "A ciencia cierta: visibilización de las mujeres científicas y tecnólogas en los espacios escolares" y "Princesas que cazaban dragones y super héroes que cuidaban bebés". En el campo de la investigación, Sara destaca por su trabajo "Neoprincesas de tocador: Princelandia la construcción del mito de la belleza a través del juego infantil" por el que obtuvo el I Premio Olga Quiñones de la Universitat de València.

 

 

 

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