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3 Ago

La casa de todos: un espacio para la convivencia (@VicenteMazon y @PilarGaOrt)

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Hablar de los logros en la convivencia de un centro educativo es hablar sobre un proceso que no sabe de puntos finales, ni siquiera de puntos y seguido. El motivo es claro, el material humano de cada curso, las relaciones que se crean desde el primer día lectivo, los vínculos entre los distintos sectores de la comunidad educativa –profesorado/alumnado, familias/profesorado, centro/entorno- se renuevan continuamente en un ecosistema marcado por un dinamismo difícil de aprehender.

La respuesta más clara a ese estado de cambio perpetuo se encuentra en la capacidad camaleónica de los centros ante los problemas que deben afrontar y en la anticipación a lo que está por venir: factores posiblemente imprecisos y de difícil concreción. Que nadie busque fórmulas fiables al cien por cien, decálogos ni piedras filosofales, puesto que cada centro es un universo muy diferente y lo que es válido en uno no lo es en el vecino. En esto como en todo, vale la picaresca de ir tomando de aquí o de allá e ir ensayándolo, modelándolo, hasta hacerlo propio.

En nuestro centro, el IES Pablo de Olavide (La Luisiana, Sevilla) nos guiamos por estas máximas y, como en tantas otras cosas, por la creatividad y las respuestas que integren al mayor número posible de personas y sectores. Detrás se encuentra una idea clara, una meta explícita en el Plan de centro, que intentamos hacer visible en cada una de las actuaciones que desarrollamos: nuestro centro es la casa de todos y por eso, desde la entrada del edificio lo hacemos patente con una frase del gran reformista que fue Pablo de Olavide, “Al pueblo se le persuade con hechos, no con discursos”. Así que vayamos a las acciones.

Desde que el centro empezó a rodar hace diecisiete años, se creó una cultura de puertas abiertas, de despachos abiertos, para que la comunicación fuese fluida y los problemas no surgiesen por falta de una respuesta rápida. No hay mayor problema que el que no se soluciona en el momento en que ocurre: de no atajarlo con celeridad, nos arriesgamos al efecto bola de nieve, y lo que empieza siendo un rumor, un comentario de adolescentes, una frase ambigua de un profesor… se magnifica en el recreo entre el alumnado o entre las familias en la puerta del instituto o del colegio –o en los grupos de wasap- y, entonces, ya es tarde. Evidentemente, todo tiene sus pros y sus contras. Cuando esta cultura está implantada en el centro, las tutorías priorizan, y los cargos directivos atienden en el momento, sin hacer esperar, lo que proporciona unos resultados óptimos y evita que los problemas vayan a mayores. La otra cara de la moneda es la gestión del tiempo: hay que sopesar qué preferimos, ¿un buen clima de convivencia o echar más horas para el resto de facetas de la vida de un centro docente?

Para completar esa filosofía, en nuestro IES nos gusta abrir las puertas del centro al entorno, para que las familias e instituciones lo vivan y sepan cómo funcionan sus entrañas. En esa línea, aparte de la preceptiva reunión del inicio del curso entre familias y tutores, convocamos una segunda reunión, simétrica a la del mes de octubre, a finales de mayo para evaluar el final de curso e ir preparando el inicio del siguiente. Pero de mayor importancia resulta la convocatoria que hacemos a las madres y padres justo en el meridiano del año escolar, a finales de febrero: en ese momento, nos reunimos sin orden del día, familias, equipo directivo y el profesorado que se anima a ello. Es una especie de catarsis en las que se habla sin tapujos sobre los problemas, sobre los desacuerdos o descontentos, pero también se hacen sugerencias o propuestas de mejora. Al principio, puede imponer cierto respeto, pero cuando te enfrentas a las cosas llamándolas por su nombre, las relaciones mejoran –si se defienden con razones-. En esa misma semana, el Pablo de Olavide viste sus mejores galas, desarrolla su tarea integrada de centro siguiendo la metodología ABP, y debe acercarla la comunidad educativa: todos los espacios del IES se abren a las familias y a las instituciones locales (Ayuntamiento, asociaciones…) y el alumnado, convertido en protagonista y en emblema del centro, explica de viva voz y demuestra el trabajo y los productos que ha modelado a lo largo de algo de esos días. Las barreras que separan a los distintos sectores de la comunidad y que, con frecuencia, son el germen de los problemas convivenciales, quedan, si no del todo derribadas, sí disminuidas.

La creatividad. ¿Qué puede tener que ver la creatividad con la convivencia? Si perseguimos esa utopía de hacer del instituto una casa común, lo lógico parece construirla entre todos. No olvidemos que uno respeta lo que hace y que, además, se encuentra más a gusto en un espacio en cuyo diseño participa y en el que queda reflejado: cualquier adolescente convierte su habitación un refugio porque la hace a su manera, con sus referentes e iconos. ¿Por qué no aprovechar la fuerza creadora del alumnado, sus proyectos, y dirigirlos –de manera guiada- hacia la confección de una ambiente agradable? Está claro que no es lo mismo trabajar en un aula de paredes desnudas que si optamos por plasmar murales en ellas. No es lo mismo moverse por un centro sin alma o con alma administrativa, que caminar sobre las huellas que el propio alumnado deja promoción tras promoción: exposiciones, presentaciones, productos nacidos del ABP que resultaron impactantes… Si, además, andamos cortos de dinero y no podemos invertir mucho en mantenimiento, no pasemos por alto que lo que uno hace no lo ensucia.

La participación activa del alumnado en la creación del espacio es importante, pero no ha de quedarse ahí. Con independencia de que se les trata como el miembro más importante del proceso educativo, y de que la política de puertas abiertas los afecta directamente –acuden a los despachos directivos o a orientación en cuanto tienen un problema-, debemos darles responsabilidades directas en la gestión de la convivencia. Por eso durante este curso, aprovechando la llegada de una orientadora activa, implicada y que sintoniza con la filosofía del centro, nuestra Cristina Medinilla, se ha puesto en marcha un proyecto a largo plazo, el Alumnado Ayudante. No sólo es atractiva su denominación, lo que lleva detrás es un verdadero revulsivo para el entramado de relaciones que a veces se le escapa al profesorado: después de seleccionar a un grupo no demasiado numeroso y formarlo con estrategias básicas de mediación, adquieren voluntariamente la responsabilidad de prevenir los problemas, de detectar a aquellos compañeros que lo están pasando mal, de buscar soluciones a los conflictos sin que deban pasar por medidas sancionadoras y hacerles un seguimiento para verificar su eficacia… En ello estamos, y hasta el momento la experiencia es muy positiva.

 

 

De manera preventiva e incluso transversal, no conviene perder de vista algunas dinámicas imbricadas en la vida del IES, que nos han merecido reconocimientos en el terreno de la convivencia. De todas las conmemoraciones y días de obligado cumplimiento que aparecen en el santoral docente, nos gusta seleccionar y volcarnos con los que más cercanos. No olvidamos, por ejemplo, que en la franja de edad de nuestros adolescentes, la violencia de género, lejos de erradicarse, gana peso, basta con escuchar los noticiarios cada vez que llega el 25 de noviembre. Por eso, nuestro 25-N es un acto de comunidad, en el que detenemos el ritmo cotidiano de las clases y el centro a una, junto a las familias, el Ayuntamiento y, en ocasiones, el CEIP, desarrolla su actividad –creativa y reivindicadora- para hacer visible el papel de la mujer y la necesidad de la igualdad efectiva: salimos a la calle, proclamamos nuestros manifiestos, dejamos huella con esculturas y periódicos...

Por último, si, como ocurre en el caso de Andalucía, la administración nos permite abordar proyectos como Escuela: Espacio de Paz en modalidades intercentros, por qué no aprovechar que el Programa de Tránsito se vea reforzado: por eso, aparte de las reuniones que mantenemos con los compañeros de los centros de primaria adscritos y que nos dan un claro perfil del alumnado que acogeremos, trabajamos juntos los mismos objetivos, las mismas dinámicas, desarrollamos actividades conjuntas que permitan integrar a nuestro futuro alumnado antes de que llegue.

Tener una casa es difícil y las hipotecas se nos hacen eternas. Pero no por ello dejamos de buscar un lugar confortable en el que vivir nuestras vidas. Hacer de un centro educativo una casa también supone el pago de una hipoteca mes a mes durante muchos años, y trabajar para poder hacerla nuestra y convertirla en ese lugar agradable al que acudimos todos –alumnado, docentes, familias- no porque haya que cumplir, sino porque en él nos sentimos cómodos y nos resulta agradable convivir.

*Para ver algunas de estas actividades:

http://www.iespablodeolavide.com/inicio/actividades_centro

http://www.iespablodeolavide.com/

https://www.youtube.com/channel/UCEkUi8Izt3iJLDl9he1IRSQ/feed

http://bibliotecaiespablodeolavide.blogspot.com.es/2015/11/la-voz-morada-contra-la-violencia-de.html

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